Manifiesto a favor de las Rocas en la Ciudad
Todos los núcleos de población humana se establecieron en un territorio, aprovechando las rocas del subsuelo como cimiento de sus edificaciones, elemento defensivo y material de construcción. El caso de la ciudad de Segovia es paradigmático de este patrón, pues el recinto amurallado se asentó sobre rocas carbonáticas cuyos cortados le otorgaban una posición estratégica, reforzando esta defensa natural con la construcción de la muralla y la fortaleza (Alcázar); estas mismas rocas sirvieron de soporte a sus edificios y se emplearon para construir sus monumentos emblemáticos (granitos para el Acueducto, calizas y dolomías para la Catedral e iglesias románicas…) y edificios populares (arcillas para el tapial, ladrillos y tejas; calizas para la cal; arenas para los esgrafiados, etc.). No todas las ciudades tienen la suerte de disponer en sus inmediaciones de casi una docena de tipos de rocas diferentes y con diferentes texturas y grados de consolidación: mármoles, gneises, granitos, areniscas, arcillas, calizas, dolomías, margas, conglomerados, etc. Madrid, por ejemplo, se asienta casi en exclusiva sobre arenas y arcillas poco consolidadas.
A medida que los núcleos de población crecen y se modernizan, las rocas que inicialmente tenían una presencia preponderante en el paisaje urbano, van siendo reemplazadas y cubiertas por más edificaciones, muros, calles empedradas y asfaltadas, aceras pavimentadas y zonas ajardinadas. De esta forma, las rocas van quedando a la vista sólo en lugares muy concretos, inaccesibles para su eliminación, o donde el elemento que soportan tiene figuras de protección patrimonial. Por ello, en Segovia, desde las vistas pétreas de los viajeros románticos del siglo XIX hasta nuestros días, las rocas han ido perdiendo presencia en las calles y parques, hasta el punto de ser difícil encontrar afloramientos rocosos por la Ciudad si exceptuamos los cortados de los valles del Eresma y Clamores. Los últimos casos de esta progresiva desaparición de las rocas han sido la eliminación de las rocas presentes en el talud entre la avenida Padre Claret y Vía Roma con la construcción del aparcamiento subterráneo, y la destrucción del afloramiento ubicado entre las calles Vía Roma, Santa Catalina y Jerónimo de Aliaga, con las obras llevadas a cabo en ésta última. Antes desaparecieron las rocas en el solar donde se ha realizado la ampliación del CEIP La Albuera; o las presentes en la explanada próxima a la ermita de San Antonio de Juarrillos (Hontoria), sobre las que se vertió indiscriminadamente una escombrera.
Esta tendencia a la desaparición contrasta con las encomiables iniciativas llevadas a cabo en la última década por diversas administraciones públicas, quienes suelen introducir en muchos de sus proyectos de acondicionamiento de zonas ajardinadas, la presencia de elementos pétreos, como bolos graníticos (parque de La Dehesa), bolos gnéisicos (barrio de la Ciudad y Tierra), bloques de areniscas y dolomías (valle del Clamores), bolos de cuarzo (Alto Clamores), pizarras (Plaza de Somorrostro), etc. El propio proyecto de recuperación de la cantera de los Alonso, también conocida como La Zarzuela, Las Romeras o Nueva Segovia, trata de poner en valor los múltiples afloramientos rocosos de sus taludes, donde se observan las rocas más antiguas de Segovia (600 millones de años de edad), pliegues, fallas y otros elementos que nos hablan de la historia remota de nuestro Planeta. Casi todos estos proyectos realizados con adecuados criterios técnicos y estéticos, pero muchas veces requiriendo traer rocas desde lugares distantes, en lugar de aprovechar aquellos sitios donde ya existen los afloramientos rocosos in situ.
No hace falta hacer hincapié en el papel importante que tiene la presencia de afloramientos rocosos en una Ciudad, como elemento paisajístico distintivo, introduciendo texturas, formas y cromatismo singular de alta calidad; máxime cuando se combina o contrasta con otros elementos como los propios edificios o motivos vegetales; sirva como ejemplo la archiconocida vista del Alcázar sobre la peña desde la explanada de San Marcos. Las rocas en los parques urbanos y periurbanos no precisan mantenimiento, no consumen agua de riego, disminuyen la extensión de la superficie de césped regable, diversifican las superficies y formas, generan microhábitats para la fauna, y hasta sirven de pequeños cortafuegos para casos de pequeños incendios.

Pero además, esas rocas pueden ser utilizadas como elementos patrimoniales en sí mismos, mediante lo que se conoce como lugares de interés geológico (LIGs). Algunas ciudades y pueblos de Europa y Norteamérica han protegido las rocas presentes en el interior de las zonas urbanas y, mediante paneles informativos y la edición de material educativo para escolares, aprovechan estos afloramientos para explicar la historia geológica del lugar y los procesos que han tenido lugar en ese territorio a lo largo de los últimos millones de años. Las pocas rocas que quedan presentes en las calles y parques de Segovia son un magnífico ejemplo de cómo podría aprovecharse este patrimonio como recurso educativo por los colegios e institutos de la Ciudad, para lo cual ya se dispone de inventarios y material didáctico a disposición de los docentes. Incluso cada vez es más frecuente el denominado ‘geoturismo’, personas que demandan en su estancia turística en un lugar, algo más que las tradicionales visitas histórico-artísticas y degustaciones gastronómicas. Algunas ciudades ya están avanzando en este sentido, editando para los turistas guías de esta otra forma de turismo, mucho más sostenible y que deja mayores recursos en la Ciudad, al no concentrar a los visitantes en un lugar concreto; es el caso de Toledo, que hace tres años editó el librito “Paseo geológico por los alrededores de la ciudad de Toledo”, ilustrado casualmente por el dibujante segoviano José Orcajo, y regalado a los visitantes por la Diputación Provincial.

Además, las rocas son elementos naturales que constituyen un recurso no renovable, puesto que si se procede a su destrucción es imposible reponerlo o restaurarlo, ya que muchas de ellas tardaron en formarse millones de años y en condiciones de presión y temperatura muy difíciles de reconstruir artificialmente. De esta manera, igual que se considera una aberración el talar una encina o un pino de nuestros parques y jardines, del mismo modo debería considerarse un impacto el destruir o tapar un afloramiento de rocas, teniendo en cuenta que éste no puede replantarse y volver a crecer. Además, las rocas son elementos autóctonos y singulares, porque igual que hay muchas catedrales, pero la de Segovia es única, existen muchos afloramientos de rocas, pero las de Segovia son irrepetibles. De hecho, con la eliminación de algunos afloramientos, como el citado de Juarrillos, se ha perdido un punto de estudio y lugar de visita obligada para científicos de todo el país, del que se habían escrito incluso tesis doctorales.
Por todo lo anteriormente expuesto, los firmantes del presente escrito, desean manifestar su interés por la conservación y potenciación de la presencia de los afloramientos de las rocas en la ciudad de Segovia, como elemento paisajístico y patrimonial de interés educativo y turístico; e instan al Ayuntamiento de Segovia, los propietarios de fincas y solares y otros responsables del mantenimiento de las rocas en la Ciudad, a consultar a expertos geólogos antes de realizar actuaciones que pueden destruir este rico patrimonio de todos.
En Segovia, a 16 de agosto de 2010
Día de San Roque, a quien la Ciudad renueva anualmente el voto por librarle de la peste en 1499
Puede descargarse el Manifiesto en formato PDF, con las hojas de recogida de firmas en la dirección:
http://andresdiezherrero.es/documentos/manifiesto_a_favor_de_las_rocas_en_la_ciudad.pdf
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